¿Puede la inteligencia artificial ser el “paciente” o el “cliente” con el que practican nuestros estudiantes?

¿Qué pasa cuando un estudiante de Psicología entrevista a un paciente simulado por inteligencia artificial, o cuando uno de Publicidad tiene que descifrar qué quiere realmente un cliente que no lo dice claramente? Eso exploraron Carlos Camacho y Rita Robles, de la Universidad Fidélitas, en un estudio con 22 estudiantes (17 de Psicología y 5 de Publicidad). Cada estudiante conversó entre 8 y 12 minutos con un personaje creado en Character.ai, diseñado para comportarse como una persona en consulta o como un cliente con necesidades poco definidas. Los resultados fueron muy positivos en satisfacción general (4,68 de 5), facilidad de uso (4,31) y realismo percibido (4,22). Los participantes también dijeron haber puesto en práctica habilidades como el pensamiento crítico, la formulación de hipótesis y la adaptación de sus preguntas sobre la marcha. Sin embargo, el hallazgo más interesante es una brecha: el valor formativo profesional obtuvo la nota más baja (3,82). Esto sugiere que una experiencia puede resultar atractiva e inmersiva sin que los estudiantes la sientan del todo útil para su desarrollo profesional. Además, cada disciplina valoró cosas distintas: en Psicología pesó más el realismo emocional del simulador, y en Publicidad, su utilidad para ensayar estrategias con el cliente. El estudio abre una pregunta valiosa para la educación superior: cómo diseñar simuladores conversacionales, acompañados de retroalimentación experta, que no solo entusiasmen, sino que realmente formen.
Autores: Carlos Camacho Valverde y Rita Robles Loaiza